Actor Oscar Carrasquillo llegó a pesar 350 libras, 200 estaban localizadas en la barriga

Oscar Carrasquillo sabía que el ser “gordito” era un complemento de su profesión como humorista y actor. La sociedad ve con gracia comportamientos naturales en personas con sobrepeso y Carrasquillo estaba consciente de ello, por eso usaba su obesidad como una herramienta en el cine y la televisión.

Esa era una de las razones por las que nunca se detenía a pensar a llegar al quirófano y someterse a una cirugía bariátrica. Con 36 años pesó 350 libras, asegura, y 200 de éstas estaban alojadas en el abdomen. Pero la hipertensión arterial, los dolores en las rodillas y tobillos, dificultad para dormir, el poco rendimiento en el trabajo físico y la baja potencia sexual le llevaron directamente al consultorio de una doctora y sin pensarlo dos veces tomó la decisión.

“Era una decisión que no estaba en mi cabeza porque le debo mi colocación en los medios a ese gordito gracioso, porque a los gorditos la comicidad nos sale mucho más fácil, partiendo de eso yo decía que no me operaba”, revela.

Carrasquillo llegó a tener la visita, en su oficina, de cuatro cirujanos tratando de convencerlo para someterlo a una bariátriaca y siempre se negó. “Hubo dos doctores con los que me senté para que me vieran con el gusto que comía y les dije ¿ustedes me van a quitar mi felicidad?”.

Pero un día de noviembre, del año pasado, se levantó de su cama y fue directo al consultorio de la doctora Niurka Lozano y le dijo que con ella se operaba. El actor asegura que en su vida no sucedió ningún llamado de alerta en particular que no fuera la situación de salud y las limitaciones a las que la obesidad le había sometido.

Carrasquillo hace la salvedad de que su esposa es psicóloga clínica con un máster en trastorno de obesidad y en pacientes bariátricos, pero que ella nunca influenció ni se empeñó de una manera directa para que él se operase. “Sí, ella sabía que tarde o temprano yo tomaría la decisión porque indirectamente me lo insinuaba con una caricia o con una mirada”.

Agrega: “Hasta para bailar un merengue se me hacía incomodo y puse en una balanza las limitaciones que tenía y los comparé con los beneficios que obtendría. Puedo jurar que ha sido la decisión más importante que he tomado en mi vida porque el cambio a nivel de salud ha sido enorme”.

La operación se programó para enero del 2018 así que esa navidad se despidió de la comida y la bebida en demasía. Ya antes de la intervención tuvo que someterse a 15 días de dieta líquida y después del proceso también, medida que prolongó unos días más.

Revela que, inmediatamente, al mes de operado ya no tomaba pastillas para la presión arterial y en la primera semana después de la intervención rebajó 5 libras diarias. Ahora Oscar con sus 37 años tiene un peso de 158 libras, mucho menos que cuando tenía 22 y llegó a pesar 198.

Cómo llegó al sobrepesoOscar creció entre mujeres, su abuela, su madre y su tía, así que los mimos y los consentimientos nunca faltaron en su vida. La comida era una manera de premiarlo y recuerda que su madre para que no saliera le prometía cocinarle sus platos favoritos. “Mi mamá me preparaba medio pollo frito con dos plátanos hervidos y con 13 años me comía todo eso, comencé a engordar pero a los 18 comencé a practicar el patinaje agresivo y rebajé bastante”, recuerda.

En el 2001 Oscar comenzó a trabajar de noche y su rutina de alimentación cambió. “Comencé a trabajar en bares y restaurantes. Inició en mi vida la combinación tomar alcohol, comer de noche y dormir de día. Cuando salía a las 4:00 de la mañana podía llegar a un lugar que vende comida criolla y pedía pollo frito, chivo, moro, aguacate y un postre para concluir. Pero a la media hora estaba durmiendo en mi casa y, muchas veces, cuando me levantaba a las 2:00 de la tarde aun no había hecho la digestión”, recuerda.

El cambio ha sido drástico y por eso se ha dedicado a motivar a otras personas con sobrepeso y según asegura ya se han operado unas 50 personas.

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